28.1.12

Tagliatelli de tortilla



Este mes Memories d'una cuinera nos propone como tema la tortilla.

A pesar de haber tenido muy poco tiempo que dedicar a la cocina últimamente, no quería dejar pasar la oportunidad de participar así que mi aportación llega el último día y, casi casi, a última hora.

La tortilla es un plato fácil de preparar y económico, lo que la hace muy popular.

Son un recurso fabuloso para aprovechar restos de otras comidas, lo que hace que existan tantas variedades de tortillas como imaginación tengamos.

Si la acompañamos de una ensalada y un poco de pan, tendremos una comida nutritiva y completa en muy poco tiempo.

En casa, la tortilla suele ser compañera de cenas en días en que voy pillada de tiempo o no tengo ganas de preparar nada elaborado.  Y este es el caso de estos tagliatelli de tortilla que, aunque una pizca más trabajosos que la clásica tortilla francesa, no te llevarán más de 15-20 minutos preparar. 

¿Te vas a resistir a probarlos?


Necesitamos (para dos personas)
  • 4 huevos
  • 6 tomates cherry
  • 25 grs de queso Stilton (o cualquier otro queso azul)
  • 1 cucharada de queso crema
  • 3 cucharadas de leche
  • 1 cucharadita de albahaca fresca picada
  • Sal
  • Aceite de oliva suave
  • Queso parmesano rallado

Preparación

Batimos los huevos y salamos.

Cubrimos la base de una sartén con un hilo de aceite de oliva, lo calentamos y echamos la mitad del huevo asegurándonos que se extiende bien.  Dejamos que cuaje la base y le damos la vuelta para cocer el otro lado.

Repetimos la operación con la otra mitad del huevo.

Una vez frías, cortamos las tortillas en tiras de, aproximadamente, un centímetro de ancho y reservamos.

Cortamos los tomates cherry por la mitad y los salteamos en una pizca de aceite hasta que estén tiernos (unos 2 o 3 minutos).  Añadimos el queso crema y la leche y removemos hasta conseguir una crema homogénea.  Por último, añadimos el Stilton desmenuzado y dejamos cocer hasta que se haya fundido del todo.

Incorporamos las tiras de tortilla y la albahaca, mezclamos con cuidado y retiramos del fuego.


Servimos espolvoreado de queso parmesano rallado.


Fuente de inspiración: "102 Tortillas" (Editorial Océano Ambar)

27.1.12

Endibias caramelizadas



La endibia  es una hortaliza de invierno (aunque la podemos encontrar en los mercados en cualquier época del año), de hojas blancas y apretadas, que se obtiene forzando el desarrollo de una raíz de escarola en la oscuridad, que forma un cogollo alargado.

Esta hortaliza fue descubierta por un campesino en los alrededores de Bruselas, allá por el año 1850, quien observó que de unas raíces de achicoria silvestre estaban creciendo unos brotes alargados, de hojas amarillentas.  Tras comprobar que eran comestibles, se dedicó a cultivarlas.

Poco después, el botánico belga llamado Crézier mejoró el procedimiento de decoloración y los brotes adquirieron su aspecto actual.

La endibia es muy digestiva, baja en calorías y rica en agua, lo que la hace un alimento perfecto para dietas.  A la hora de comprarla debemos de asegurarnos que las hojas son firmes, brillantes y sin manchas.

Yo he tenido la suerte de no haber tenido que salir a comprarla.  HuerCasa me envió un lote de productos como premio al "mejor blog" del concurso "Vida sana - cocina con remolacha" compuesto por maíz, remolacha y endibias.  Desde aquí, nuevamente, gracias por el premio.


Generalmente la consumo con salsas y como crudité.  Me encanta regada con crema de queso azul y yogur, todo un clásico.  Sin embargo en esta ocasión, y para celebrar el premio, he querido presentar algo diferente. 

Espero que os guste la receta :)

Necesitamos
  • Una bandeja de endibias de 480 grs
  • 50 grs de mantequilla
  • 4 cucharadas de aceite de oliva suave
  • 45 grs de azúcar moreno
Para servir
  • Rebanadas de pan tostado
  • Un rulo de queso de cabra

Preparación

Cortamos las endivias, a lo largo, en cuatro trozos.

Calentamos la mantequilla y el aceite en una sartén de base amplia.  Añadimos las endibias y las salteamos durante un minuto.

Espolvoreamos con el azúcar y dejamos que se cuezan a fuego lento durante unos 5 minutos.  Volteamos las endibias varias veces para que se caramelicen por todos lados.


Retiramos del fuego y servimos sobre una tostada de pan con unas ruedas de queso de cabra encima.

¿Lo acompañamos de una cervecita bien fría?

25.1.12

Arroz con pollo y verduras al horno



Los arroces me imponen muchísimo y no suelo prepararlos en casa.  Es una lástima porque me encantan pero no tengo demasiada buena mano con ellos así que aprovecho para comerlos cuando comemos fuera de casa o los encargo cuando tengo antojo.

Considero que son un plato fabuloso de fin de semana.  En casa todos somos aficionados a los arroces aunque cada uno tiene sus preferidos, unos los preferimos con pescado o verduras, otros con carne, etc.  Es asombroso lo versátiles que son y la cantidad de combinaciones que admiten.  Otra cosa que considero una ventaja es que se pueden preparar con antelación y dejar sólo la cocción para el último momento mientras disfrutamos de un aperitivo...¿qué más queremos?

La teoría me la conozco muy bien así que he decidido ponerla en práctica más a menudo, ir perfeccionando la técnica y quitarme el miedo.  Y para demostrar mis buenas intenciones aquí os dejo con un arroz al horno de pollo, alcachofas, garbanzos y patata.


Necesitamos (para 6 personas)
  • 1 cebolla picada finamente
  • 4 dientes de ajo prensados o picados finamente
  • 400 grs de pollo troceado
  • 1 kg de alcachofas
  • 1 1/2 cucharadita de pimentón dulce
  • 6 cucharadas de salsa de tomate o 2 tomates crudos pelados y rallados
  • 1 patata grande pelada y cortada en dados
  • 300 grs de arroz bomba
  • 150 grs de garbanzos cocidos
  • 800 ml de caldo de pollo
  • Unas hebras de azafrán
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva suave (para el sofrito)

Preparación

Calentamos 3 o 4 cucharadas de aceite de oliva en una paella (la mía de 37 cms de diámetro) y sofreímos la cebolla y el ajo.  Una vez dorados, añadimos el pollo y removemos unos 2 0 3 minutos o hasta que deje de verse crudo por fuera.  Yo utilicé pechugas sin hueso pero se puede usar cualquier parte del pollo, con o sin hueso.

Limpiamos las alcachofas retirando las hojas más duras y quedándonos sólo con los corazones.  Las cortamos en cuartos y las añadimos a la paella junto con el pimentón y la salsa de tomate.  Removemos para que se mezclen los sabores y dejamos cocer un par de minutos.

Ponemos el caldo de pollo a calentar y encendemos el horno a 200 ºC, arriba y abajo.


Añadimos el azafrán, el arroz y la patata.  Sofreímos durante 1 minuto removiendo sin parar.  De esta manera conseguimos que los ingredientes que tenemos en la paella se impregnen de los sabores de los demás.

A continuación añadimos los garbanzos cocidos.  Salamos al gusto y añadimos el caldo de pollo (que deberá estar a temperatura de hervor).

Introducimos la paella en el horno durante 20 minutos.  Transcurrido este tiempo, encendemos el grill y dejamos 5 minutos más para que se forme una suave costra en la superficie y los granos de arroz queden crujientes (esto lo podemos omitir si no nos gusta).

Sacamos del horno y dejamos reposar 5 minutos antes de servir. 


Esto es lo que quedó después de comer los cuatro y repetir tres de nosotros.  Creo que gustó...

22.1.12

Tú el café, yo las pastas



¡Qué caprichosa y cuan manipuladora es la vida!

Cómo nos maneja en todo momento llevándonos hacia donde quiere, de la manera que quiere y en el momento que quiere.  Cuántas veces, a causa de estos caprichos, nos hemos visto envueltos en situaciones inesperadas, sin capacidad de reacción, y hemos pensado “lo que tenga que ser será” o “estaba escrito” o cosas por el estilo.

Últimamente la vida está siendo muy caprichosa conmigo y me está regalando situaciones muy especiales.  Son situaciones con las que me encuentro tan a gusto que deseo se alarguen el mayor tiempo posible.  Me resisto a verlas terminar y no quiero que acaben.  Me estoy dejando querer.

Una de estas situaciones o momentos es el que, hace unas semanas, me regaló el último reto de Film and Food: “Recetas y Confidencias”.  Esta caprichosa vida que me ha tocado llevar quiso que mi pareja de intercambio de recetas fuera Marina, una entrañable persona y fabulosa cocinera que nos deleita a menudo a través de su blog BlauKitchen.


Que hubo química entre nosotras desde el primer correo electrónico intercambiado es una realidad bien grande.  Tanta que, una vez intercambiadas recetas, Marina y yo continuamos con nuestros correos, casi diarios.  Llegamos, incluso, a intercambiar también galletas.  Marina me envió una preciosa lata llena de galletas horneadas por ella, y una de sus hijas, y un trapo de cocina que, seguramente, veréis en las fotos de mi blog en un futuro.  Las galletas volaron con una rapidez pasmosa y casi tuve que suplicar a mis hijos que dejaran alguna que pudiera probar su padre.  P no es especialmente galletero pero estas galletas hicieron sus delicias.  La próxima vez las tendré que hacer yo.  No tengo excusa porque Marina ¡se encargó de incluir la receta en el paquete!

Al finalizar el reto, y provocado por la ilusión tan enorme con la que ambas lo habíamos vivido, se nos ocurrió la idea de proponernos uno propio que nos mantuviera igual de ilusionadas.

Empezamos entonces a pensar en qué hacer, cómo hacerlo, cómo llamarlo, etc.  Y así, poco a poco, la idea fue tomando forma y surgió “Tú el café, yo las pastas”, un espacio en el que cada mes, tanto Marina como yo, prepararemos una receta con la que acompañar un café virtual que tomaremos, tristemente, en la distancia.

Este reto cuenta con un logo (el que preside esta entrada) muy especial que ha creado Marina “hija”, de CraneSketch, quien ha sabido captar la esencia del mismo a la perfección ¿no creéis?


Esperamos que nuestras aventuras y desventuras mensuales os resulten, cuando menos, curiosas y divertidas.  Marina y yo procuraremos, cada una a su manera, aportar recetas nuevas e interesantes al panorama bloguero actual.

Comenzaremos muy pronto y, antes de que os deis cuenta, estaréis leyendo sobre nuestra primera receta que estará relacionada con el mes de febrero (hasta aquí puedo leer), así que…¡no os vayáis muy lejos!

Gracias a todos por seguirnos, por comentarnos y por hacer que nuestras locuras tengan sentido.

Os esperamos en “Tú el café, yo las pastas”.

20.1.12

Tartaletas de mermelada



Si hay un momento del día que me gusta, es el de la merienda.  Después de una jornada de trabajo de siete horas (non-stop) y de pasar directamente por el colegio para recoger a mis hijos, llegar a casa es una auténtica bendición.  Mientras yo preparo las meriendas, mi hija me prepara una taza de té (qué bien entrenada está, mecachis).  La excusa perfecta para tomarme un descanso, charlar con mis hijos un ratito y, de paso, recargar pilas para lo que me espera de trabajo doméstico.

Mis hijos son muy glotones están en edad de crecer y un bocata con una pieza de fruta, que es lo que suelen tomar, se les queda corto.  Es por ello que, en casa, siempre hay lo que ellos llaman "postres" para la merienda.  Cuando me piden más yo se que lo que quieren es un bocado dulce por lo que estos "postres" suelen ser una pequeña chocolatina, una magdalena, un puñado de cereales rellenos, etc.  Yo intento tener a mano dulces caseros.  No soy muy amiga de las producciones industriales y, ya que estos postres son de por sí "excesos, intento que sean lo más sanos y naturales posible.

El capricho más reciente que he probado a hacer (y que es un excelente "postre" de merienda) ha sido estas tartaletas de mermelada, típicas de la tierra que los vio nacer (allí las llaman "jam tarts").  Son un bocado sencillo que sorprende por su sabor.  La textura crujiente de la masa contrasta a la perfección con la suavidad de la mermelada.  Lo único malo que tienen es que, una vez hincado el diente, no vas a poder evitar comer más de una. 

Para estas tartaletas he utilizado las mermelada de fresa y mandarina que Anna Quality Products me envió, amablemente, para que las probáramos en familia.  Unas mermeladas artesanales y de calidad natural que no llevan aditivos ni sucedáneos, lo que casa a la perfección con mi enfoque de cocina sana.


Dicho y contado todo esto, os dejo con la receta y os animo a que la probéis.  No os defraudará.


Necesitamos (para 14-16 tartaletas)
  • 225 grs de harina de trigo
  • 25 grs de azúcar glas
  • 50 grs de margarina (cortada en dados)
  • 50 grs de manteca de cerdo (cortada en dados)
  • Agua fría (aprox. 2 cucharadas)
  • Mermeladas de distintos sabores
Además
  • Bandeja de horno para tartaletas

Preparación

Mezclamos la harina con el azúcar glas.  Añadimos la margarina y la manteca y, con las yemas de los dedos, trabajamos para que se integren todos los ingredientes.

Cuando la mezcla tenga una consistencia parecida a las migas, añadimos dos cucharadas de agua fría y amasamos sobre una superficie limpia.  Si consideramos que la masa está demasiado seca, añadimos agua en pequeñas cantidades (yo me humedezco los dedos) y seguimos amasando.

Envolvemos la masa en papel transparente y la dejamos enfriar en la nevera durante, al menos, 30 minutos.


Transcurrido el tiempo de enfriado, pre-calentamos el horno a 200 ºC (arriba  y abajo).

Con ayuda de un rodillo, extendemos la masa sobre una superficie espolvoreada con harina.  Cortamos círculos de un diámetro 2 cms mayor que el diámetro de los huecos de la bandeja.

Espolvoreamos los huecos de la bandeja con un poco de harina y colocamos un círculo de masa en cada hueco.  Apretamos ligeramente con los dedos, de modo que la masa cubra la base y los laterales de cada hueco.  Si hemos hecho los círculos demasiado grandes y nos sobra masa, la retiramos con la ayuda de un cuchillo.

Ponemos una cucharadita de mermelada en cada tartaleta y horneamos durante 15 minutos.

Si nos gustan con más relleno, añadimos más mermelada una vez que hayamos retirado las tartaletas del horno pero, ¡ojo!, no antes.  La mermelada hierve con el calor del horno y podría a salirse de las tartaletas.

18.1.12

Pie de cordero y morcilla ibérica



Whole Kitchen, en su propuesta salada para el mes de enero, nos invita a preparar un clásico de la cocina británica: Pie Británico.

Los que me leéis a menudo y ya me conocéis un poco sabréis de mis lazos con el Reino Unido y de mi cariño por el país, su cultura, su gente, etc.  No podía ser de otra manera después de estar casada con un inglés (apodado güiri-marido), haber vivido a las afueras de Londres durante 8 años y contar con dos hijos nacidos por aquellas lejanas tierras en mi haber.

Por todo esto, mi participación en la propuesta salada de este mes era del todo implanteable.  A mí me hizo una ilusión tremenda ver cual era la receta...y a mi guiri-marido (P a partir de ahora) ya ni os cuento.

Tiene gracia que, durante todos los años vividos en Inglaterra y a pesar de lo tradicionales que son los pies allí, yo sólo los comí en contadas ocasiones.  P y yo trabajábamos para la misma empresa y comíamos en casa prácticamente todos los días.  Los viernes teníamos como costumbre parar en un Fish and Chips que nos pillaba de paso y comprábamos el lunch.  Yo solía darme un homenaje de fish and chips pero P, a menudo, optaba por su tradicional pie.  Ah, qué recuerdos...

Los pie más tradicionales se suelen preparar a base de ternera y cerveza, pollo y champiñones, pollo y puerro o ternera y riñones.  Aunque también hay multitud de rellenos a base de verduras que harían las delicias de muchos vegetarianos (y otros tantos que no lo son).

Yo he querido alejarme de las tradiciones innovando con el relleno y lo he preparado de cordero y morcilla ibérica.  Una mezcla tan anglo-hispana como mi matrimonio, jejeje.

Espero que os guste :)

Necesitamos
  • 1 cebolla (pelada y picada gruesamente)
  • 1 cucharadita de hierbas provenzales
  • 2 dientes de ajo (picados)
  • 200 grs patatas (peladas y cortadas en dados)
  • 200 grs zanahorias (peladas y cortadas en dados)
  • 750 ml de caldo de cordero
  • 750 grs de carne de cordero troceado
  • 20 grs harina de trigo
  • 250 grs morcilla ibérica
  • 1 huevo batido
  • Aceite de oliva suave
  • Sal y pimienta
  • 1 lámina de masa quebrada

Preparación

Calentamos un par de cucharadas de aceite de oliva en una cacerola de base amplia y freímos la cebolla, a fuego lento, hasta que se dore (unos 12-14 minutos).  Añadimos el ajo, la mitad de las hierbas y removemos.  Una vez dorado el ajo, añadimos el caldo y llevamos a ebullición.  Bajamos el fuego y  hervimos lentamente durante 15 minutos.

Pasamos el cordero por harina, retirando el exceso.  Cubrimos la base de una sartén con aceite de oliva, calentamos, y doramos el cordero.  Añadimos el cordero a la cacerola con el caldo y lo dejamos cocer, lentamente y tapado, durante 2 horas.

Transcurrido este tiempo, añadimos las zanahorias y las patatas.  Salpimentamos y dejamos cocer 30 minutos más.  Es importante que este estofado de cordero quede espeso.  Si, en este momento, la salsa estuviera líquida, la tendríamos que reducir cociendo a fuego alto y sin tapar la cacerola hasta alcanzar el punto de espesor deseado.

Mientras tanto, retiramos la piel de la morcilla, la cortamos en tacos y la pasamos por una sartén con un poco de aceite hasta que esté hecha (2 o 3 minutos).  Una vez lista, añadimos la morcilla a la cacerola y la retiramos del fuego.

Repartimos el relleno de cordero y morcilla en 4 platos de horno individuales.   
























Cubrimos con la masa quebrada de la manera que más nos guste (tradicionalmente se cubre la totalidad del plato con una sola pieza).

Untamos la masa con el huevo batido y horneamos a 200 ºC (pre-calentado, arriba y abajo) durante 20-25 minutos, o hasta que veamos que la superficie está dorada.

Servimos con una ensalada de hojas verdes que contraste con la contundencia del pie.

15.1.12

La masa quebrada y sus secretos



Últimamente las prisas no me dan tregua y, cuando publico, voy directa a lo principal sin dedicar tiempo a lo básico de las recetas: las salsas, las masas, etc.  Es por ello que hace tiempo que no publico ningún "básico" pero me planteo, como propósito para este nuevo año, dedicarle a este tema un poco más de tiempo.

Partir de una buena base a la hora de preparar un plato no garantiza el éxito del resultado final, pero ayuda enormemente.  Las masas no son diferentes: una quiche preparada con una base de masa quebrada casera tiene un sabor y textura maravillosos.

No quiero decir con esto que las masas preparadas no sean buenas, porque las hay muy buenas y, de hecho, yo suelo tener siempre algún paquete en el congelador.  Son muy socorridas y me han sacado de apuros en más de una ocasión.  Lo que quiero decir es que si se nota la diferencia y que preparar una masa quebrada requiere un esfuerzo tan pequeño que merece la pena, por lo menos, intentarlo.

Para que el resultado sea óptimo es muy importante:
  • preparar y mantener la masa en un lugar fresco
  • manipularla lo justo (sin pasarse)
  • hornear a temperatura elevada

Enfría los utensilios.  Procura que el cuenco que utilices y la tabla sobre la que extiendas la masa estén fríos.  Mételos en la nevera durante 30 minutos antes de usarlos.

Cuando mezcles los ingredientes. usa las puntas de los dedos (ésta es la parte más fresca de las manos) y un cuchillo metálico de punta redondeada.

Tamiza la harina para incorporar la mayor cantidad de aire posible a la masa.  Cuanto más aire tenga la masa más ligero será el resultado.

Añade el agua de manera gradual, poquito a poco, hasta que consigas la consistencia deseada y evita añadir más harina después del agua.

Enharina el rodillo y extiende la masa con suavidad pero con rapidez para prevenir que se pegue.  Al extender la masa, aleja y acerca el rodillo.  Si necesitas aumentar el ancho, levanta la masa, gírala y repite el proceso.  Gira la masa, no el rodillo.

No pases el rodillo por los extremos, procura conseguir un grosor uniforme y evita estirar la masa, de lo contrario se encojerá durante el horneado.

Si no vas a utilizar la masa inmediatamente, envuélvela en papel transparente y guárdala en la nevera durante un máximo de 3 días.  También puedes optar por congelarla.

Unta la masa con huevo, clara o leche antes de hornearla para conseguir un aspecto final lustroso.

Y dicho todo esto, sólo me falta dejar la receta de la masa quebrada para que los que os animéis a hacerla en casa.

Necesitamos
  • 225 grs de harina de trigo
  • Un pellizco de sal o 25 grs de azúcar glas
  • 50 grs de manteca de cerdo
  • 50 grs de margarina
  • Agua fría, unas 2 cucharadas

Tamizamos la harina y la mezclamos con la sal o el azúcar (dependiendo si la queremos hacer para salado o para dulce) en un cuenco grande.

Añadimos la manteca de cerdo y la margarina y las trabajamos con los dedos hasta que tengamos una mezcla que parezcan migas.

Agregamos el agua y la mezclamos con ayuda de un cuchillo metálico.

Amasamos ligeramente sobre una superficie enharinada hasta que tengamos una masa uniforme.

Extendemos la masa con ayuda de un rodillo y la utilizamos como sea necesario.

13.1.12

Bizcocho de vainilla y chocolate



Hace tanto tiempo que preparé este bizcocho que me ha costado encontrar dónde tenía guardada la receta.  Sabía que la tenía anotada en mi cuaderno de cocina pero tengo tal desorden de papeles, recortes, etc que me ha costado dar con ella.

Me tengo que plantear seriamente poner orden porque, de lo contrario, los papeles me terminarán echando de la cocina.  No tengo excusa, la verdad sea dicha, porque mi amigo invisible gastronómico me envió un precioso cuaderno de recetas y los Reyes Magos me han traido otro.  ¿Será cierto que lo ven todo?  Pues va a ser que sí y que en mi cocina han visto un gran desorden que hay que solucionar ya mismo, jajaja.

Según mi hija este bizcocho es, de todos los que he preparado hasta ahora, el mejor.  Su favorito.  No tiene ninguna ciencia ni ingredientes especiales pero lleva cacao y, ante tan gran ingrediente, cae mi hija rendida.  Y no creo que sea la única.

La presentación es preciosa y, supongo, eso también le gustó.

Algún día tendré que volver a hacérselo porque ya me lo ha pedido en más de una ocasión.  Y yo, en mi afán por agregar nuevas recetas de bizcocho al repertorio ya existente, estoy dejando de lado sus "súplicas" y como no se queja demasiado pues...sigue esperando.

Bueno, os dejo con mi versión de este gran clásico de la repostería.  Un desayuno excelente para este fin de semana :)


Necesitamos
  • 3 huevos "L"
  • 125 grs. de azúcar
  • 100 grs. de mantequilla a temperatura ambiente
  • 1 cucharadita de polvos para hornear (tipo Royal)
  • 150 grs. de harina de trigo
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 2 cucharadas de cacao en polvo

Preparación

Pre-calentamos el horno a 180 ºC (convencional, arriba y abajo) o 160 ºC (función turbo).

Engrasamos un molde de horno y lo espolvoreamos con harina, asegurándonos de cubrir bien toda su superficie.

Cortamos una pieza de papel vegetal del ancho del molde y de un largo suficiente que cubra la base, los laterales y sobresalga un poco por los lados.  Colocamos esta pieza en el molde y doblamos el sobrante hacia afuera para asegurarnos que, una vez vertamos la mezcla del bizcocho en el molde, no se nos pliega hacia dentro y se pega a la masa.

Con una varillas eléctricas, batimos los huevos junto con el azúcar durante 5 minutos (hasta que empiecen a blanquear).  Añadimos la mantequilla y batimos nuevamente hasta que se hayan mezclado bien los ingredientes.

Por último agregamos la harina y los polvos de hornear y removemos.

Cuando tengamos una mezcla uniforme, dividimos la mezcla en dos mitades.  Añadimos la esencia de vainilla a una de ellas y el cacao a la otra.

Vertemos las mezclas en el molde, alternándolas para conseguir el efecto bicolor.  Echamos un poco de la mezcla de vainilla, luego un poco de la de chocolate y así hasta acabar con todo.

Horneamos durante 30-40 minutos o hasta que, al introducir una aguja de horno, ésta salga limpia.


Dejamos templar sobre una rejilla metálica y desmoldamos una vez templado, tirando del sobrante del papel vegetal con el que hemos cubierto la base y laterales del molde.

11.1.12

Bubble and squeak



Ah, “bubble and squeak”…mmmm…¡cómo me gusta este plato!

Una nueva aportación a la sección de cocina británica de este humilde blog.  Esta vez con una de las recetas más tradicionales de su gastronomía y que los británicos disfrutan desde hace más de dos siglos.

Se elabora con las sobras de verduras del tradicional asado de ternera o pollo del domingo, el popular "Sunday Roast".

No existen unos ingredientes concretos para la elaboración del “bubble and squeak” ya que consiste en utilizar las verduras que tengamos a mano: zanahorias, brécol, puerros, coles de Bruselas, guisantes, coliflor, etc y mezclarlas con patata.  Pero lo que sí existe es una regla de cantidades que establece que, para un 60% de patata, debemos añadir un 40% de verduras.

Antiguamente también se añadía las sobras de la carne asada pero esta tradición se ha perdido y, en la actualidad, se prepara sólo con verduras.

Este nombre tan divertido se traduciría, literalmente, como “burbuja y crujido”.  Según los británicos, eso es lo que hacen las verduras en la sartén cuando se cocinan: burbujear y crujir.

Desde luego que no se comieron el coco con el nombre ¿verdad?


Necesitamos
  • 1 kilo de patatas
  • 400 grs de verduras variadas (cocinadas y cortadas en dados)
  • 1 cucharadita de hierbas provenzales
  • 2 cucharadas de aceite de oliva suave
  • 40 grs de mantequilla 

Preparación

Pelamos y cortamos las patatas en dados pequeños.  Hervimos los dados de patata en abundante agua con sal durante 10 minutos.  Escurrimos y mezclamos con el resto de las verduras.  Salpimentamos y añadimos una cucharadita de hierbas provenzales.

En una sartén amplia (yo utilicé una de 28 cms de diámetro) calentamos 1 cucharada el aceite y 20 grs de mantequilla.  Añadimos las verduras y las machacamos con un tenedor al tiempo que las freímos.  Trabajamos las verduras para que los sabores se mezclen y dejamos freír a fuego medio-alto durante 10 minutos.

Transcurrido este tiempo, retiramos el bubble and squeak de la sartén con ayuda de un plato (como si de una tortilla de patatas se tratara).  Calentamos la otra cucharada de aceite y los 20 grs de mantequilla restantes y añadimos el bubble and squeak para que se fría por el otro lado durante otros 10 minutos más.  No pasa nada si se nos rompe, le volvemos a dar forma y continuamos friendo.

Servimos inmediatamente.

Recomiendo espolvorearlo con queso rallado y dorarlo bajo el gril unos minutos.  El queso le da un toque de sabor exquisito.  Yo lo hice con las sobras del bubble and squeak que veis en la foto y nos los tomamos para cenar.  Nos gustó mucho más a todos.

Sea como sea, espero que os animéis a preparar este plato y, sobre todo, que lo disfrutéis.

¡Feliz miércoles!


8.1.12

Yogur natural



Cuántas veces habéis publicado en vuestros blogs recetas sencillas y rápidas de preparar que tienen como resultado platos excelentes, sanos y sabrosos.  Y cuántas veces mi comentario ha sido "esta es de las mías" o "esta es de las que a mí me gustan".  Y es que este tipo de cocina me encanta.  No hace falta pasar horas a la cocina para preparar exquisitos platos, aunque todos disfrutemos dedicando nuestro tiempo a las labores culinarias (esto es indiscutible, de lo contrario no formaríamos parte de esta comunidad ¿verdad?).

Muchas de las recetas que hoy forman parte de mi repertorio habitual las he tomado de vuestros blogs, tal cual las contáis o adaptadas a los gustos de mi familia.  Me ayudan enormemente en el día a día y, también, en las ocasiones especiales.

Hoy quiero daros las gracias por ello y no se me ocurre mejor manera que aportando una receta más a la categoría de cocina sencilla y rápida: el yogur natural.

Este yogur no puede ser más fácil ni más rápido de preparar y el resultado es exquisito.  Cremoso y suave, tan suave que no necesita que le añadas azúcar cuando lo consumas.  Perfecto para acompañar unos cereales en el desayuno o para servir como postre con fruta y mermelada.


Necesitamos
  • 1 litro de leche semi desnatada
  • 1 yogur natural

Preparación

En una cacerola calentamos la leche hasta que alcance el punto de hervor.  Retiramos la cacerola de la fuente de calor y esperamos 30 minutos.

Cuando la leche esté tibia añadimos el yogur, que habremos batido previamente.  Mezclamos con unas varillas metálicas, tapamos la cacerola y nos vamos a dormir...que lo tendremos merecido después de tanto trabajo en la cocina, jejeje.


Dejamos reposar la mezcla durante toda la noche a temperatura ambiente y, cuando nos levantemos a la mañana siguiente, tendremos un exquisito y cremoso yogur listo para el desayuno :)