29.2.12

Brochetas de pollo satay


Se han hecho esperar.

Desde mediados de diciembre nos tienen en ascuas sobre su regreso.

Pero, por fin, después de un descanso bien merecido las chicas de Film and Food vuelven.  Y lo hacen con espíritu romántico y aires orientales.

Es que la película que inspira el reto de febrero es "Deseando amar" (Dut yeung nin wa) en la que su director, Wong Kar-Wai, nos traslada al Hong Kong de principios de los años 60 al tiempo que nos narra una historia de amores y desamores.

La comida adquiere un protagonismo especial en la película.  El paso del tiempo se aprecia a través de la incorporación de ingredientes orientales de temporada, ayudando así a distinguirlo.

Este punto ha servido de inspiración para el reto del mes de febrero de Film and Food, a través del cual Alba e Ingrid nos invitan a cocinar una receta Oriental que incorpore algún ingrediente de temporada.


Mi elección no se ajusta del todo a esto.  Entre los ingredientes del pollo satay no hay ninguno que sea de temporada.  Oooops.  Pero yo no me dí cuenta de este requisito hasta que no fue demasiado tarde y una vez que ya me había decidido por esta receta y había comprado todo lo necesario.  Oooops de nuevo.

Así que...mis disculpas chicas.  De veras que lo siento.  Prometo estar más atenta la próxima vez :)

Y dicho esto ¿pasamos a la receta?

Necesitamos (para 4 personas)
  • 2 pechugas de pollo fileteadas
  • 2 cucharadas de salsa de soja
  • 2 cucharadas de aceite de girasol
  • Zumo de medio limón
  • 1 cucharadita de jengibre molido
  • 4 dientes de ajo picados finamente
  • 2 cucharadas de coco rallado
  • 2 cucharadas de mantequilla de cacahuete
  • 2 guindillas de cayena secas y desmenuzadas (sin semillas)
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 1/2 cucharadita de sal
  • Brochetas de madera


Generalmente, el pollo se marina con los tres primeros ingredientes (salsa de soja, zumo de limón  y aceite) y con el resto se elabora la salsa satay con la que se acompañan las brochetas.  Yo he optado por mezclar todos los ingredientes y marinar con ellos el pollo.  El resultado ha sido sorprendente.  El pollo queda tierno y sabrosísimo.

Os cuento lo fácil que es prepararlo.

Remojamos las brochetas durante, al menos, una hora.  No hace falta sumergir todo el pincho, sólo la parte que no se cubrirá con pollo.

Cortamos los filetes de pechuga de pollo en tiras de unos 2,5 cms de grosor, a lo largo, y ensartamos las brochetas intentando atravesar la tira de pollo de principio a fin.

Mezclamos el resto de ingredientes en un cuenco y removemos bien hasta obtener una crema homogénea.

Cubrimos las brochetas con esta mezcla, por todos sus lados, y las dejamos reposar (tapadas) en la nevera durante un par de horas.  El tiempo de marinado se puede ajustar pero, cuanto mayor sea, más sabroso quedará el pollo.


Transcurrido este tiempo, cubrimos una bandeja de horno con papel de aluminio y colocamos las brochetas encima.  Encendemos el grill del horno a 200 ºC y las asamos durante 10-15 minutos, volteando para que se doren por todos lados.

Servimos acompañadas de arroz aromático y salsa de soja.

26.2.12

II Reto "Tú el café, yo las pastas": Recetas de cine

La ocasión lo pide a gritos.  Esta noche es noche de premios, de alfombra roja y de glamour.  Es la gran noche del CINE, tema que este mes protagoniza el reto "Tú el café, yo las pastas".

A pesar de que Marina, de BlauKitchen , y yo tenemos "pactado" publicar las recetas de nuestro humilde reto el día 1 de cada mes, en esta ocasión no hemos podido resistir adelantar la fecha para hacerla coincidir con la ceremonia de los Oscars.

Nos sumamos a las celebraciones que, esta noche, inundarán Hollywood homenajeando al "séptimo arte" a nuestra manera.  De mi homenaje os hablo más adelante.  Del de Marina no puedo decir nada todavía.  No se qué tendrá preparado pero seguro que es algo sorprendente y elegante, como siempre, como todo lo que hace ella.  Estoy deseando pasarme por su BlauKitchen a verlo aunque no tengo pensado irme de aquí sin antes cumplir con mi parte del reto.

Mi homenaje particular está dedicado a los orígenes del cine.  Al fascinante cine mudo.  Al cine en blanco y negro en el que las historias eran narradas a través de viñetas acompañadas de una música de fondo a piano y en cuyas proyecciones los protagonistas siempre parecen moverse con prisas.  Maravilloso ¿verdad?

El cine nació de manos de Louis y Auguste Lumiére.  Responsables de la invención de cinematógrafo, estos hermanos franceses revolucionaron el mundo del entretenimiento con un artilugio que permitía tomar imágenes en movimiento al tiempo que las proyectaba sobre una pantalla.

La presentación oficial del cinematógrafo tuvo lugar en París la noche del 28 de diciembre de 1895, con un éxito enorme que suscitó mucho entusiasmo entre los asistentes.  Sin embargo, a pesar del éxito inicial, durante un tiempo el cine fue considerado una atracción menor, incluso un número de feria, que necesitó del ingenio de George Méliès, director del teatro Robert Houdin, para elevarlo a una nueva dimensión.

George Méliès fundó el primer estudio de cine, en el que usó todos sus recursos para simular experiencias mágicas, creando rudimentarios, pero eficaces, efectos especiales.

En 1902 creó "Viaje a la Luna", su obra maestra, considerada la primera película de ciencia ficción de la historia. Esta película, de diez minutos de duración, cuenta la historia de un científico que propone crear un cohete para llegar a la luna.  Apoyado por otros sabios y aprobado su proyecto, este científico y y su equipo consiguen pisar suelo lunar y encontrarse con los selenitas, habitantes de la Luna.

"Viaje a la Luna" supuso un derroche de imaginación, con unos asombrosos efectos especiales y el toque de humor y surrealismo característicos de su creador.



Con la imagen de esta película "Viaje a la Luna", pongo fin a esta introducción sobre los orígenes del cine y paso a contaros en qué consiste mi creación para II Reto "Tú el café, yo las pastas".

Y como esta es una entrada homenaje al cine mudo, no puedo hacerlo de otra manera que como si de una película de principios del siglo XX se tratara.  Espero que os guste.


HISTORIA DE UNA COOKIE

Érase una vez, unos ingredientes...


...que preparados así... 


...se transformaron en una enorme y sabrosa cookie...


...que fue devorada por unos niños muy golosos...


...acompañada de helado de vainilla y polvo de oreo...


...quienes, tras llenar sus barriguillas, fueron felices pero no tuvieron espacio para comer perdices.


Sobre la cookie, os cuento que tiene 24 cms de diámetro, que el ojo, la ceja, la nariz y la boca están dibujados con polvo de oreo y que el proyectil es un tigretón cortado al bies y sujetado con un palillo.  Como veréis, todo muy rudimentario, como los efectos de las películas de George Méliès.  Jajajaja.

Besos a tod@s y... ¡¡¡ hasta la próxima !!!


23.2.12

Coronation chicken



El "coronation chicken", traducido "pollo de coronación", fue creado en 1953 para el almuerzo de celebración de la coronación de la reina Isabel II.

Este plato fue elegido para tal fin por ser de fácil elaboración y asequible, aspecto realmente importante en tiempos de post-guerra.

Otro aspecto que se consideró para su elección fue que se podía comer fácilmente sobre las rodillas o de pie mientras se seguía la ceremonia de coronación en la televisión.  La receta del pollo coronación fue publicada en periódicos y revistas días antes a la fecha de la ceremonia.  Así pudo ser elaborada por los ciudadanos británicos y degustada mientras celebraban la coronación de su reina en las calles y casas de todo el país.

La popularidad de este plato disminuyó durante unas décadas pero, en la actualidad, se ha convertido nuevamente en una de las recetas preferidas entre todas las clases del Reino Unido.  Y no es de extrañar porque es un plato fácil y sabroso que se puede preparar con antelación ya que se come frío o del tiempo.


La historia se repite

Este año, el Reino Unido celebra los 60 años de reinado de la reina Isabel II y la duquesa de Cornwall, esposa del príncipe Carlos, sugiere una receta para conmemorar el evento.  Para ello ha puesto en marcha una competición entre colegios de educación primaria y secundaria a través de la cual anima a los participantes a crear un menú "digno de una reina".

Los menús de los cuatro colegios ganadores serán preparados en el Palacio de Buckingham por los chefs reales y servidos por sus creadores en la recepción que se celebrará en Junio con motivo de Jubileo de Diamantes.

Curioso ¿verdad?

A mí esta historia me resulta de lo más entrañable y ya tengo ganas de saber quienes son los ganadores y en qué consisten sus menús pero, para ello, tendremos que esperar a Mayo.

Mientras tanto, podemos ir probando el coronation chicken.

Os dejo con la receta.


Necesitamos (para 6 personas)

Para el pollo
  • 2 pechugas de pollo enteras, deshuesadas (aprox. 850 grs)
  • 1 cebolla pequeña
  • 6 dientes de ajo
  • 1 cucharada de sal
  • 10-12 granos de pimienta
Para la salsa
  • 1 cucharada de aceite de girasol
  • 1 cebolla grande, picada
  • 1 cucharada de curry en polvo
  • 1 cucharada de concentrado de tomate
  • 85 ml de vino tinto o blanco
  • 150 ml de agua
  • 1 hoja de laurel
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 2 rodajas de limón
  • I cucharada de zumo de limón
  • 5 o 6 orejones, troceados finamente
  • 300 grs de mayonesa
  • 3 cucharadas de nata montada
  • Sal y pimienta

Preparación

Hervimos el pollo en una cacerola con abundante agua junto con la cebolla, partida en dos, el ajo, la pimienta y la sal, a fuego lento, durante 30 minutos.  Retiramos de la fuente de calor y dejamos infusionar, con la cacerola tapada, durante una hora.

Retiramos el pollo, lo dejamos templar y, con las manos, lo troceamos en hebras.


Mientras el pollo se enfría podemos ir preparando la salsa.

Calentamos el aceite en una sartén de base amplia y sofreímos la cebolla durante 4-5 minutos, a fuego medio-bajo.  Añadimos el curry y removemos durante un par de minutos para evitar que se queme.

Transcurrido este tiempo, añadimos el concentrado de tomate, el vino, el agua y la hora de laurel.

Cuando la mezcla arranque a hervir, añadimos el azúcar, las rodajas y el zumo de limón y los orejones.  Salpimentamos al gusto.

Bajamos el fuego y hervimos suavemente, sin cubrir la sartén, durante 10 minutos.

Trituramos la salsa con una batidora eléctrica y dejamos templar.


Para terminar la salsa, añadimos la mayonesa y la nata montada y removemos con suavidad hasta que se hayan integrado.

Añadimos el pollo y mezclamos bien.

Este pollo se sirve frío, con arroz blanco, hojas de lechuga o, incluso, en bocadillo.  Nosotros lo hemos tomado templado y con almendras fileteadas y nos ha gustado igualmente.

20.2.12

Bizcocho de gofio



La primavera pasada, mi güiri-marido, hijos y yo estuvimos de viaje en Tenerife.

Durante nuestra visita a la isla me llamó la atención un producto hasta entonces desconocido para mí, el gofio, ya que lo veía por todas las tiendas de alimentación y supermercados.  Normalmente vuelvo a Madrid cargadita de productos típicos de los lugares que visitamos, especialmente si son locales y no son fáciles de encontrar fuera de su lugar de producción.

En esta ocasión estuve tentada de venir con un paquete de gofio pero, al final, no me animé.  No sabía lo que era ni qué usos tenía de modo que dejé pasar la ocasión.

Sin embargo, a lo largo de los últimos meses, y según voy leyendo y aprendiendo de vuestros blogs, he visto varias recetas preparadas con gofio y me ha picado la curiosidad.

Yo suelo probarlo todo, me gusta conocer nuevos productos, ingredientes y sabores de modo que, cuando lo vi en uno de los supermercados que frecuento, no me resistí a comprar un paquete.  No tenía ni idea de qué iba a hacer con él peeeeero ahí quedó.  En mi despensa.  Esperando a que encontrara esas recetas que recordaba haber visto en algún blog y que no había guardado ni anotado en ningún sitio.  Bueno, pues busqué busqué pero no encontré lo que recordaba haber visto de modo que entré en la web de la marca y...tachán...allí me topé con muchas recetas a elaborar a base de gofio y decidí estrenarme con este bizcocho.

Sencillo, rápido de preparar y sin complicaciones.

Yo lo he preparado siguiendo la receta original cambiando, únicamente el tipo de licor y sin añadir semillas de anís.  Después de probarlo, mi veredicto (y el de mis hijos) es que es un poco soso y de textura más bien seca por lo que lo hemos comido con un almíbar de miel para "alegrarlo" un poco.

Se me ocurren maneras de hacerlo más jugoso: añadiendo más uvas pasas y remojándolas en licor antes de añadirlas a la mezcla y  reduciendo el tiempo de horneado de 45 a 40 minutos.  Y también de hacerlo más dulce, aumentando la cantidad de azúcar y/o usando azúcar moreno.

Y tú ¿tienes alguna sugerencia?


Necesitamos
  • 3 huevos
  • 125 grs de gofio de maíz
  • 25 grs de uvas pasas sin pipas
  • 25 grs de nueces peladas y troceadas
  • 3 cucharadas de Amaretto (la receta original lleva Marie Brizard)
  • 40 ml de aceite de girasol
  • 100 ml de leche
  • 100 grs de azúcar
  • 1 cucharadita de ralladura de limón
  • 1/2 cucharadita de canela en polvo
  • 1 1/2 cucharaditas de polvos para hornear (tipo Royal)
  • Azúcar glas

Preparación

Untamos de molde para horno de mantequilla y lo espolvoreamos con harina, asegurándonos de cubrirlo bien y de retirar el exceso.

Pre-calentamos el horno a 160 ºC (función turbo) o 180 ºC (arriba y abajo, horno tradicional).


Separamos las claras de las yemas y reservamos las claras.

Batimos las yemas junto con el azúcar, el aceite, la leche, la canela, las uvas pasas, las nueces y la ralladura de limón.

Añadimos el gofio (tamizado) y los polvos de hornear.

Montamos las claras a punto de nieve (si le ponemos una pizca de sal quedarán bien consistentes) y se las añadimos a la mezcla anterior.

Vertemos la mezcla en el molde y lo horneamos durante 45 minutos.

Una vez horneado, lo dejamos enfriar sobre una rejilla antes de desmoldarlo.


Espolvoreamos con azúcar glas y servimos.

16.2.12

Tarta de margaritas



"De la tarta que se encargue Carmen".

¡Cuántas veces habré escuchado esta frase a lo largo de los últimos meses!

Se ha convertido en una tradición familiar que, cada vez que nos reunimos para celebrar algo, concretamente un cumpleaños, la elaboración de la tarta recae en mí.

Supongo que a much@s de vosotr@s también os ocurre.

El hecho de ser aficionados apasionados de la cocina y de hacerlo público mediante la creación y el mantenimiento de un blog puede que tenga que ver, un poquito (sólo un poquito), con que piensen en nosotros para estas preparaciones.  A mí no me importa en absoluto, es más, me encanta que mi familia y amigos cuenten conmigo para estas cosas.  Yo disfruto como una enana en mi cocina, entre fogones y al calorcito del horno, y ellos se desentienden del asunto sabiendo que tienen garantizada la entrega.

Todos salimos ganamos.

En el caso de las tartas, me gusta crear cada una de ellas acorde con los gustos y la personalidad de la persona a la que va dirigida.  Procuro encontrar una temática (yo lo llamo un "algo") con la que el homenajeado se identifique nada más ver su tarta, que le arranque una sonrisa y que añada a sus ojos ese brillito que sólo da la felicidad de sentirse especial.

Hace un par de semanas celebramos el cumpleaños de mi madre y esta es la tarta con la que la sorprendimos.  El año pasado le hice una tarta con ovillos de lana (la podéis ver en la pestaña "tartas entre-lazadas") porque le dio por tejer y, desde entonces, no ha parado.  Este año tenía que encontrar otra temática y se me ocurrió usar sus flores preferidas para la decoración: las margaritas.

Ya sé, ya sé, estaréis pensando que las margaritas son blancas y amarillas.  Lo sé.  Y lo suyo hubiera sido hacer la tarta en esos colores pero tenía sobras de la crema del relleno y la cobertura de color rosa en la nevera y no era cuestión de desperdiciarla.  Además, las nubes con las que hice los pétalos sólo las hacen en rosa y blanco así que...decidido...las margaritas serían rosas.

El caso es que a mi madre le encantó y espero que a vosotros también.

Os cuento cómo la hice.

Preparé un bizcocho de Madeira con tres huevos.  Puedes usar la receta que tengo aquí publicada ajustando las cantidades o puedes preparar la tarta con el bizcocho que más te guste.

Corté el bizcocho en tres planchas y lo rellené de mermelada de ciruelas rojas al aroma de vainilla (era la que tenía a mano pero puedes usar cualquier otra que sea de frutos rojos) y de una crema que preparé siguiendo la receta de la crema pluscuamperfecta de Biscayenne.

A la crema le añadí cuatro hojas de gelatina neutra desleídas en cuatro cucharadas de mermelada caliente.  Con esto la crema toma consistencia y se mantiene en su sitio una vez extendida.  También le añadí colorante rojo para darle ese color rosa que véis en las fotos.

Cuando acabé con el relleno, cubrí la superficie y los laterales de la tarta con la misma crema.  No te preocupes si el contorno no queda especialmente bien ya que lo cubriremos con nubes pequeñas.

Dejamos reposar en la nevera durante una hora antes de decorarla.


Con unas tijeras afiladas, loncheamos nubes grandes en rodajas de 1/2 centímetro de grosor.  Debido a la presión de las tijeras, los cortes quedan ligeramente ovalados como si de pétalos de flor se tratara.  Decoramos la superficie de la tarta con ellos formando las margaritas.

Colocamos una nube pequeña en el interior de los pétalos para rematar las flores y...a disfrutarla.

Nosotros la hicimos desaparecer demasiado rápido.  Tan rápido que no me dio tiempo a tomar ninguna foto del corte.  Pero bueno, supongo que os lo podéis imaginar ¿verdad?

Como veis es una tarta muy fácil que podéis preparar con vuestro bizcocho, relleno y cobertura preferidos.  No hay normas.  Sólo la de utilizar nubes cortadas para la decoración.

Aprovecho esta entrada para participar en Memorias de una cocinera que este mes tiene por tema: las tartas.

Estoy deseando ver el resto de las recetas participantes...¡con lo que a mí me gustan las tartas!

13.2.12

Tartaletas de atún, huevo y tomate



El jueves pasado se estropeó la nevera.

Argggggg !!!!

Al llegar a casa después del trabajo y de recoger a los niños del colegio me dio la bienvenida un ruido ensordecedor que sólo podría comparar con el del despegue de un avión (jajaja...un poquillo exagerado, pero sólo un poquillo ¡eh!).  Mientras me dirigía hacia el lugar de donde provenía el ruido iba pensando: "por favor que el ruido no venga de la cocina, que no sea la nevera, por favorrrrr".  Mi fuero interno se reía de mí y me llamaba ilusa pero yo tenía la esperanza de que la suerte me sonriera y que el ruido proviniera de la calle o fuese cualquier otra cosa pero no hubo suerte...snif.

Estar sin nevera me resulta un auténtico fastidio así que, tras desenchufar la nevera, me lancé al teléfono dispuesta a encontrar ayuda.  Después de un par de horas de desesperación y llamadas a varios servicios técnicos intentando conseguir un técnico para el viernes, tiré la toalla y me rendí ante la más absoluta realidad de tener que encontrar acomodo para la comida que tenía repartida entre el congelador y la nevera y de tener que esperar al lunes a que me visitara un técnico...que no a que me arreglara la nevera.  Eso es otro cantar.

La primera parte de mi tragedia fue la que más fácil solución tuvo gracias al alma "caritativa" de mi amiga, vecina y tocaya: Carmen.  En un abrir y cerrar de ojos, mi salvadora no sólo había vaciado dos cajones de su congelador y acoplado lo que salió del mío sino que también me había despejado una nevera que tiene en su garaje con bebidas y ordenado el resto de la comida que, un rato antes, yo había visto estropearse en mi imaginación.  Esto lo remató entregándome una copia de las llaves de su casa para que pudiéramos entrar y disponer de nuestra comida en caso de encontrarse la casa vacía.

En ocasiones como esta siempre pienso en el dicho de que "hay que tener amigos hasta en el infierno".  Gran verdad señores (y señoras) porque de cuántos apuros nos pueden sacar.  He aquí el ejemplo perfecto.

A lo largo del fin de semana he ido cocinando y consumiendo parte de la comida que tenía congelada y que dejé en casa con la idea de dejar que se descongelara entre el viernes y el sábado.  Una de estas cosas era la masa de empanada que hoy os traigo con forma de tartaleta y que no habría visto la luz tan pronto de no haber sido por las circunstancias.  Cuando preparo esta masa suelo hacer mucha cantidad y congelo la mitad, de la que puedo tirar en momentos de prisa.  En este caso fue más bien en momentos de emergencia pero el resultado fue igual de rico.

Dejando de lado la historia de mi nevera que sigue en espera de arreglo, os cuento que la receta de esta masa fue la que inauguró mi primer libro de recetas (que todavía conservo).  Me la dio una tía gallega como masa para empanadas y como tal la hago normalmente aunque esta vez, por la presentación tan poco ortodoxa que tiene, le venga mejor que la llamemos tartaleta en vez de empanada.


Necesitamos (para seis tartaletas)

Para la masa
  • 3 huevos
  • 100 ml de aceite de oliva
  • 100 ml de leche
  • 1 cucharadita rasa de sal
  • 1 cucharadita de polvos para hornear (tipo Royal)
  • Harina
Para el relleno
  • 1 cebolla picada
  • 2 huevos duros picados
  • 2 latas de atún
  • 1 bote de salsa de tomate casera
  • Aceite de oliva suave
Además
  • 1 huevo batido

Preparación

Batimos los huevos junto con el aceite, la leche, la sal y la levadura.  Añadimos harina poco a poco y removemos, inicialmente con una cuchara o tenedor, y luego con las manos hasta conseguir una masa que no se nos pegue a los dedos pero que no se cuartee.

Siento no poder concretar la cantidad de harina exacta hay que usar.  Así es como me dieron la receta y nunca se me ha ocurrido pesarla...hasta hoy que escribo esta entrada.  La próxima vez que la haga me aseguraré de pesar la harina y de actualizar la receta.  Mientras tanto esto es lo que hay...sorry!

Con estas cantidades nos saldrá mucha masa.  Yo, como os he dicho antes, la divido en dos y congelo una mitad.  El resto será suficiente para seis tartaletas de 10 cms de diámetro.
  

Preparamos el relleno.  Para ello calentamos un par de cucharadas de aceite de oliva en una sartén y añadimos la cebolla.  La cocinamos a fuego lento y con la sartén tapada hasta que se poche (aproximadamente 20 minutos).  Añadimos el atún, el huevo y el tomate.  Cuando la mezcla arranque a hervir, la dejamos cocer unos 10-15 minutos.

Retiramos del fuego y dejamos que se temple antes de rellenar las tartaletas.


Dividimos la masa en dos mitades.  Extendemos, con ayuda de un rodillo, una mitad sobre una superficie lisa y limpia espolvoreada con harina.  Untamos de harina el rodillo para que no se nos pegue.

Cortamos círculos de masa un poco más grandes que los moldes que vayamos a utilizar y cubrimos la base y los laterales con ella.  Retiramos el sobrante pasando la hoja de un cuchillo por el borde de los moldes.

Rellenamos con la mezcla del atún, huevo y tomate (que ya estará templada).

Pre-calentamos el horno a 200 ºC.

Extendemos el resto de la masa y cortamos tiras con las que formaremos un enrejado que cubra la superficie de las tartaletas.  Presionamos el sobrante de las tiras sobre el borde de las tartaletas y lo retiramos.

Pintamos con huevo batido y horneamos durante 10-12 minutos o hasta que veamos que la masa se dora.

Dejamos reposar 5 minutos y servimos con una ensalada de brotes tiernos, tomates, etc.

10.2.12

San Valentín: Ideas saladas para enamorar



Ya se, ya se,...estoy pesadita con el tema San Valentín.

El miércoles de la semana pasada publiqué, como receta inaugural del reto "Tú el café, yo las pastas", cuyo tema era "recetas para enamorar", las cajitas de chocolate y frambuesa

Dos días después vinieron tres "ideas dulces para enamorar" y hoy ataco de nuevo con "ideas saladas".

Vais a pensar que es una obsesión, jajaja.

Pero no, nada más lejos de la realidad.  Lo que ocurre es que no quería dejar de lado a todos aquellos que me leéis, que SI celebráis esta fecha, que necesitáis ayuda a la hora de preparar algo original para la ocasión y que sois más aficionados a lo salado que a lo dulce.

Por eso el fin de semana pasado me puse con ello y aquí os traigo el resultado.

Espero que os gusten y...prometo no publicar más "sanvalentinadas" (palabrita del niño Jesús).


♥ ♥ ♥

Empanadillas de bolognesa y paté

♥ ♥ ♥


Necesitamos (para 8 unidades)

1 lámina de masa quebrada (u obleas)
250 grs de salsa bolognesa espesa
2 cucharaditas de paté
1 huevo batido

Pre-calentamos el horno a 200 ºC (arriba y abajo, horno tradicional).

Mezclamos la salsa bolognesa con el paté hasta obtener un relleno uniforme.





















Extendemos la lámina de masa quebrada sobre una superficie limpia y enharinada.  Cortamos 16 corazones de masa quebrada con un cortador de galletas.

Colocamos una cucharadita de relleno sobre 8 de los corazones de masa.  Humedecemos los bordes de las bases con un poco de agua, los cubrimos con los otros ocho corazones de masa y presionamos los bordes con las púas de un tenedor para que se sellen.

Untamos las empanadillas con huevo, las colocamos en una bandeja de horno cubierta con papel vegetal y las horneamos durante 12 minutos o hasta que veamos que se empiezan a dorar.

Los sacamos y dejamos que se templen antes de servirlos.


♥ ♥ ♥

Corazón de salchicha

♥ ♥ ♥


Necesitamos

Salchichas
Queso
Pinchos para brocheta

Cocemos las salchichas en agua, a fuego bajo y con la cacerola tapada, durante 10 minutos.  Escurrimos y dejamos templar.


Cortamos las salchichas por la mitad.  A cada mitad de salchicha le cortamos un trozo en diagonal.  Unimos dos piezas de modo que formemos un corazón y lo atravesamos con el pincho para que no se nos separen.

Cortamos unas lonchas de queso de 1/2 cm de grosor.  De cada loncha, cortamos las piezas que hacen de flecha y las colocamos en los extremos del pincho.

Servimos sobre una tosta, un pan de perrito o como más nos guste.


♥ ♥ ♥

Pinchos de quesito

♥ ♥ ♥


Necesitamos (para ocho unidades)

8 quesitos en porciones
1 cucharada de harina de trigo
1 huevo batido
2-3 cucharadas de pan rallado
Aceite de oliva suave para freír

Damos forma de corazón a los quesitos.  Si tenemos un cortador de galletas nos facilitará la tarea.  Si no es así, lo haremos con la punta de un cuchillo afilado.  No importa si no nos quedan perfectos, podremos mejorar la forma al empanarlos.

Los pasamos por harina (sacudiendo el exceso), luego por huevo y, por último, por pan rallado.

Pasamos los quesitos nuevamente por huevo y pan rallado para que la capa de empanado sea lo suficientemente gruesa como para evitar que se salga el interior al freírlos.

Los metemos en el congelador durante toda la noche.


Freímos los quesitos en abundante aceite caliente directamente del congelador.  Se ablandarán con el calor del aceite.

Dejamos templar antes de servir.
♥ ♥ ♥


7.2.12

Muffins de dulce de calabaza y limón



Madre mía, ¡cuánto se aprende cada día y cuánto nos falta por aprender!

Es increíble la cantidad de información que cada día absorbemos sin darnos cuenta mediante la lectura de otros blogs, las consultas en internet, etc. A diario nos aprendemos sobre nuevas recetas, ingredientes, costumbres de otros lugares, técnicas de cocina y, incluso, historia.

Esto último es, precisamente, lo que me hace comenzar mi entrada con esta reflexión ya que, leyendo en internet sobre el origen de los muffins he aprendido que su origen es anglosajón y muchas otras cosas más que os cuento:

El muffin es un producto de repostería elaborado con pan dulce y otros ingredientes que se cocina al horno en moldes individuales.  Presenta una base cilíndrica y una copa más ancha en al parte superior, con forma de hongo.  Se sirven envueltos en un papel especial de repostería o aluminio, y aunque su tamaño puede variar, presentan un diámetro inferior al de la palma de la mano de una persona adulta.

El muffin guarda similitudes con la magdalena pero es un alimento distinto, debido a que presenta un sabor menos dulce y diferentes proporciones de los ingredientes.  Se consume habitualmente en el desayuno o la merienda.

Hasta aquí bien, todo esto lo conocía, pero desconocía lo siguiente:

Su origen nos remonta al Reino Unido donde se encuentran referencias a este alimento en recetarios de principios del siglo XVIII.  Su nombre deriva de la palabra original moofin, cuyo origen puede deberse a una adaptación de la palabra francesa moufflet, que significa “pan suave”.  Este pastelito, de textura esponjosa, se consumía en desayunos o como tentempié y, durante el transcurso del tiempo, fue incluyendo a su masa base otros sabores como fruta seca o fresca, especias y chocolate.

La llegada de inmigrantes británicos a los Estados Unidos conllevó la expansión de los muffins a principios del XIX.

La comercialización de los muffins no ocurrió hasta mediados del siglo XX y, hoy en día, son fáciles de encontrar en supermercados, pastelerías, etc de multitud de países.

Esta receta proviene de un librito de repostería casera editado por una conocida marca de harinas británica.  Desconozco si esto la hace más auténtica o no pero, por si acaso, yo lo dejo caer.

Espero que os guste :)


Necesitamos
  • 50 grs de mantequilla (a temperatura ambiente)
  • 50 grs de azúcar
  • 2 huevos
  • 75 ml de leche
  • 1 cucharadita de esencia de limón
  • 175 grs de harina con levadura
  • 150 grs de dulce de calabaza y limón
Además
  • 16-17 cápsulas para muffins
  • Bandeja para hornear muffins

Preparación

Pre-calentamos el horno a 180 ºC (horno tradicional, arriba y abajo).

En un cuenco grande, aplastamos la mantequilla con un tenedor para reblandecerla.  Añadimos el azúcar y removemos hasta que se haya mezclado bien con la mantequilla.

A continuación añadimos los huevos, la leche y la esencia de limón.  Batimos con unas varillas.

Cuando todos los ingredientes se hayan incorporado, añadimos la harina y mezclamos bien.

Por último añadimos el dulce de calabaza y limón y removemos hasta obtener una masa homogénea.

Colocamos las cápsulas para muffins en los huecos de la bandeja y vertemos en ellas la mezcla.  Llenamos 2/3 de cada cápsula, no más o se nos desbordará la masa al hornear los muffins.


Horneamos durante 15-20 minutos o hasta que la masa haya subido y los muffns tengan un color dorado.

Sacamos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla antes de disfrutarlo.

Nota:
  • Estos muffins se conservan en perfecto estado durante 4-5 días si los guardamos en una lata metálica. 

3.2.12

San Valentín: Ideas dulces para enamorar



San Valentín, día en que los enamorados, novios o esposos expresan su amor y cariño mutuamente.  Una tradición propia de los países anglosajones que, a lo largo del siglo XX, se ha ido extendiendo por muchos países entre los que se encuentra España.

Este santo tan amoroso ha llegado sigilosa y silenciosamente.  Se ha tomado su tiempo para asentarse pero, una vez que lo ha hecho, está aquí para quedarse.  Nos guste o no.  Esto es como Halloween con la única diferencia que en Halloween nos atiborramos a caramelos y en San Valentín a chocolates.

Yo no suelo celebrarlo.  Y digo "suelo" porque, habiendo vivido durante ocho años en Inglaterra, en más de una ocasión mi guiri-marido me regaló el ramo de rosas de rigor o la obligada tarjeta de felicitación.

Es muy curioso el bombo que se le da al día de los enamorados en Inglaterra.  Durante las semanas previas, las tiendas se tiñen de rojo y los escaparates se llenan de objetos con forma de corazón.  Las tarjetas de felicitación se venden a miles así como los bombones, los ramos de rosas, las fresas, los vinos, etc.

He de reconocer que, a pesar de ser un poco reticente a celebrar San Valentín, en el fondo de mi ser toda esta parafernalia me resulta la mar de agradable y bonita.  Y es que es precioso expresar el afecto que sentimos hacia nuestros seres queridos.

Para ayudaros a ello, en caso de necesitarlo, hoy traigo tres ideas dulces para enamorar.  Si, si, habéis leído bien "tres".  Todas ellas tan sencillas y rápidas de hacer que he preferido agruparlas en una entrada que me ha llevado más tiempo preparar que las recetas o ideas en sí.

Os animo a que las hagáis vuestras y a que las compartáis con vuestra familia y amigos.  Y también a que no lo hagáis sólo en estas fechas.

¡Que expresar nuestro afecto por los demás no se vea limitado tan sólo al día de San Valentín!


♥ ♥ ♥

Merengues con corazón

♥ ♥ ♥



Necesitamos
1 clara de huevo (a temperatura ambiente)
1 pizca de sal
1 pizca de cremor tártaro
1 cucharadita de esencia de vainilla
85 grs de azúcar
Colorante rojo
Corazones de azúcar (para decorar)


Pre-calentamos el horno (función turbo) a 95 ºC y cubrimos una bandeja de horno con papel vegetal.

Batimos la clara y la sal durante un minuto, a velocidad media-baja, hasta que empiece a espumarse.  Añadimos la esencia de vainilla, el cremor tártaro y seguimos batiendo.


A continuación, mientras aumentamos la velocidad de la batidora, vamos añadiendo el azúcar poco a poco hasta que la clara esté montada y forme picos.

Trasladamos el merengue a una pistola de galletas sin boquilla (o una manga pastelera) y formamos pegotitos sobre la bandeja de horno.  Colocamos un corazón de azúcar sobre cada uno, si queremos decorarlos.

Horneamos durante 45-50 minutos.  Transcurrido este tiempo, apagamos el horno y dejamos enfriar los merengues en su interior sin abrir la puerta (aproximadamente otros 45-50 minutos).


♥ ♥ ♥

Bocaditos de hojaldre, crema y frambuesas

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Necesitamos

1 lámina de hojaldre
Crema pastelera (receta aquí)
2 cucharadas de azúcar
Frambuesas
Azúcar glas (para decorar)


Pre-calentamos el horno a 200 ºC (arriba y abajo, horno convencional).

Extendemos la lámina de hojaldre sobre una superficie lisa y limpia.  La espolvoreamos con el azúcar y pasamos el rodillo presionando suavemente para que se integre en la masa.

Con ayuda de un cortador de galletas (yo usé uno con forma de corazón), presionamos la masa hasta llegar a la base.  Retiramos el sobrante de masa y trasladamos los corazones de hojaldre a una bandeja de horno cubierta con papel vegetal.

Cubrimos la masa con otra lámina de papel vegetal y colocamos otra bandeja de horno encima.  Horneamos durante 8-10 minutos.


Retiramos la bandeja superior al sacar el hojaldre del horno y dejamos que se enfríe completamente antes de continuar.

Ponemos una cucharadita de crema pastelera sobre cada base de hojaldre (yo aromaticé mi crema con unas gotitas de esencia de limón, quedó estupenda) y la extendemos sin llegar al borde.  Colocamos las frambuesas sobre la crema y presionamos ligeramente.  La crema se expandirá hacia los bordes y terminará por cubrir la totalidad de la base.

Espolvoreamos con azúcar glas y servimos recién hechos.


♥ ♥ ♥

Ramo de nubes

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Necesitamos

1 ramo de flores de papel
6 nubes en forma de cilindro
Un florero
Nubes de diferentes tamaños para rellenar el florero


Retiramos las flores de papel del ramo y dejamos los tallos sólo con las hojas.

Cortamos las nubes por la mitad, de manera que obtengamos dos cilindros de unos 4,5 o 5 cms de alto.

Para hacer los pétalos, con unas tijeras afiladas y finas practicamos cortes en cada una de las nubes sin llegar a la base.  Hacemos un primer corte por la mitad y, luego, cortamos cada mitad en dos y así hasta que tengamos ocho pétalos.

Conviene tener a mano un vaso con agua en el que lavar las tijeras cada dos o tres cortes ya que se quedan pejagosas y, entonces, no cortan bien.  También un trapo para secarlas.


Pinchamos la base de cada nube en un tallo del ramo hasta que la hayamos atravesado.

Tapamos la punta del tallo con una nube pequeña o, si no tenemos, con un trocito de nube de las que tenemos para rellenar el florero.  Repetimos la operación tantas veces como tallos tenga nuestro ramo.

Rellenamos el florero con nubes, metemos nuestro ramo y rematamos la decoración con una lazada.

♥ ♥ ♥

1.2.12

I Reto "Tú el café, yo las pastas": Recetas para enamorar



Me considero una persona inquieta, curiosa por naturaleza y con necesidad ganas de emprender proyectos que me mantengan entretenida.  La gente que me conoce bien podría decir que "si no tengo nada que hacer me lo invento", que "no puedo estar cruzada de brazos", que "me complico la vida sin necesidad" y otras cosas por el estilo.

Y es cierto.  Muuuuuuuuuy cierto.

Creo firmemente en la importancia de mantenerse automotivado con pequeños proyectos que aporten ilusión a nuestro día a día.  Sin embargo, a pesar mi enfoque positivo, ha habido ocasiones en las que me he sorprendido a mí misma preguntándome: - "Carmen...¿quién te manda a ti meterte en berenjenales?".

Estos últimos días, más concretamente desde que el 22 de enero publiqué la entrada "Tú el café, yo las pastas" en la que os hablaba sobre el reto mensual de BlauKitchen y Recetas de tía Alia, esta pregunta ha sido mi compañera constante.

Siendo esta la inauguración oficial de nuestro reto mensual y con unas ganas tremendas de aportar algo nuevo al panorama gastronómico bloguero, he de confesar que me asusta mucho el hecho de hacer el ridículo.  Me siento así porque "BlauKitchen" es mucho ""BlauKitchen" y Marina, su autora, una excelente y experimentada repostera.  Y eso no lo puedo ignorar...y me impone.  Los que conocéis su blog sabréis de lo que estoy hablando y, muy posiblemente, entendáis mi miedo, reparo o como queramos llamarlo.  Los que no lo conocéis pues os animo a que lo visitéis ya mismo y lo comprobeis por vosotros mismos.

Pero bueno, dejemos mis inquietudes a un lado y centrémonos en el reto que el pistoletazo de salida a "Tú el café, yo las pastas" que tiene como tema "Recetas para enamorar", muy apropiado para estas fechas.  Viendo que, últimamente, vuestros blogs se están volviendo muy tiernos y amorosos, no hemos querido ser menos y nos hemos puesto a trabajar en un dulce que disfrutar con el café en compañía de vuestros enamorados o enamoradas.

Mi propuesta: cajitas de chocolate y frambuesa.  Un dulce fácil de preparar, resultón a la vista y delicioso para el paladar.

Os dejo con la receta y me voy rauda y veloz a ver qué sorpresa me tiene preparada mi querida Marina en BlauKitchen.

Espero que os guste y que el próximo mes volváis a por más.  ¡Hasta entonces!

Necesitamos
  • 200 grs de chocolate puro
  • 1 plancha de bizcocho de chocolate de 1 cm de grosor
  • Mermelada de frambuesa
  • Mousse de chocolate
  • Frambuesas
Además
  • Papel de horno vegetal
  • Cinta para adornar

Preparación

Partimos el chocolate en trozos pequeños, los colocamos en un cuenco de plástico y los fundimos en el microondas, a golpes de 30 segundos.  Removemos entre golpe y golpe para evitar que se nos queme y conseguir que los trozos se fundan más facilmente.

Cubrimos una bandeja con papel vegetal y extendemos el chocolate fundido sobre ella.  Nos ayudamos de una espátula para procurar que quede de igual grosor por toda la superficie.  Dejamos reposar hasta que se endurezca de nuevo y lo metemos en la nevera durante 10 minutos.

Mientras en chocolate se enfría, con una regla cortamos el bizcocho de chocolate en cuadrados de 3 x 3 cms.  Hacemos lo mismo con la plancha de chocolate.


Procedemos a montar los cuadraditos untando los lados de cada uno de los cuadraditos de bizcocho con un poco de mermelada de frambuesa.  Pegamos un cuadrado de chocolate a cada uno de los laterales del bizcocho, de modo que obtengamos un cubo (sin tapa).

Atamos cada cajita con un cordón, cinta de raso, lana o lo que más a mano tengamos.  De esta manera nos aseguramos de que cada cajita mantenga su forma y, al mismo tiempo, las decoramos.

Una vez hechas las cajitas podemos pasar a rellenarlas.

Colocamos una cucharadita de mermelada de frambuesa sobre el bizcocho que hace de fondo de cada cajita y la extendemos con cuidado.  Rellenamos con el  mousse de chocolate (previamente batido) y coronamos con una frambuesa.

Servimos acompañadas de un café bien humeante.
  


Fuente de inspiración: "Chocolate" de Editorial Love Food